viernes, 16 de noviembre de 2007

N (Diego Martínez)

Todo comienza en una noche en la ciudad, el misterioso negro del cielo, la gente en sus casas, los perros aullando, el sonido del viento retumbaba en las ventanas de aquel departamento en la esquina de la calle 14, en el cuarto piso. Un departamento viejo con madera a medio podrir y que, en temporadas de frío, tronaba cual película de terror. En aquel lugar esa misma noche vivía un joven llamado Néstor, un joven bastante pálido, de pelo negro y bastante solitario que no le hablaba a nadie de los vecinos ya que era muy introvertido y muy reservado en sus cosas.
Esa misma noche él estaba leyendo sus libros de historia que tanto le gustaban, leyendo y leyendo como una computadora analizando datos, no se le escapaba ni un detalle. De pronto, escuchó un ruido que lo paralizó totalmente, un sonido agudo parecido entre el rugido de un gato y el grito de una mujer.

Después de dos minutos, Néstor reaccionó y se asomó al corredor del pasillo. Su vecina estaba tirada en el piso y un charco de sangre, sangre llena de dolor y sufrimiento. Corrió lo más rápido que pudo por las escaleras y llegó donde estaba ella. Estaba muerta. No lo podía creer, que esa mujer que siempre lo saludaba y él ignoraba pero lo hacía por pena, por su peculiar forma de ser. En ese momento Nestor decidió que no podía quedar algo así sin que nadie hiciera nada y decidió salir a buscar al supuesto asesino.

Tomó su saco y una pistola que tenía escondida en el cajón de la cocina y salió corriendo por el callejón a donde daba la puerta de los condominios. Escuchó ruidos tras unos botes de basura arrinconados al final y gritó amenazante que saliera quien quiera que estuviera allí. Ningún sonido. De repente salió un tipo con la cara cubierta y un traje negro con algunas manchas rojas que se alcanzaban a apreciar con la poca luz del faro de la esquina. En su mano un cuchillo y muerto de miedo. Néstor sacó su pistola y le apuntó a la cabeza preguntándole por qué había matado a la vecina. Se lo dijo tres veces y a la cuarta le respondió que ella era su novia, pero un día ella le había dicho que le atraía un tipo de los condominios, un tal señor N. Y el asesino estaba muerto de celos pues la amaba, pero no podía perderla, entonces decidió matarla.

Néstor bajo el arma y llamó a la policía. Llegaron inmediatamente y se llevaron al asesino. Néstor se dio cuenta de que estuvo cerca de matar alguien también, que estaba a punto de convertirse en lo que estaba despreciando. Siguió su vida solo, oscuro, misterioso pero siempre pensando que había hecho justicia por alguien.