viernes, 16 de noviembre de 2007

Nuel (Marisol Gaytán)

La dulce mañana deslumbraba con su luz, María apenas abría sus ojos de mar y recordaba su tormentoso ayer, pero para ella era un día nuevo y en ese momento sentía que ya nada podría detenerla, tomó un baño y salió apresurada de su casa.

Al llegar al orfanato en el que ayudaba notó una nueva carita, era un niño con una sonrisa tímida, tenía mejillas de porcelana y ojos color avellana. Sin dudar por un instante se acercó a él y le pregunto su nombre, el pequeño niño solo la miró, pero no dijo ni una palabra, María lo tomó de la mano y lo llevó con Adriana, la encargada del orfanato, le preguntó quién era, y ella respondió que era Manuel, sus padres acababan de morir en un accidente, ellos eran de otro país y no tenían más familia en ese lugar.

María conmovida por la historia empezó a imaginar su vida junto a Manuelito, para ella el niño era como la hermosa mañana que había vivido. Pensaba en adoptarlo, sabía que no era fácil, pues ella era una mujer soltera. Adriana interrumpió sus pensamientos cuando le dijo que desde que había llegado Manuel, no había abierto la boca, pero para ellas simplemente era solo falta de confianza.

Al pasar los días, Nuel, como le empezaron a llamar, seguía sin hablar, María y Adriana sospechaban que el problema estaba desde antes, trataron de no insistir más para no presionarlo.

Después de algunos meses María empezó a hacer los trámites de adopción, y todo parecía ir por buen camino, el niño la adoraba y ella solo vivía, por él. Pasaba los días y las noches soñando en el momento en que Nuel llegara a su casa y formara parte de su vida para siempre.

Una noche María recibió una llamada, le informaban que Manuel ya era su hijo legalmente, ella llorando de alegría no pudo dormir en esa noche de luna llena, su emoción la enloquecía. Cuando llegó al orfanato, Adriana, notablemente triste, la recibió con un abrazo y le dijo que Nuel había sido internado en un hospital, no podía respirar y los doctores habían hecho todo lo que estaba en sus manos sin embargo, no lo pudieron salvar, los ojos se le llenaron de lágrimas.

María después de unos años, pudo entender que el pequeño niño solo había estado en su vida para llenarla de amor, pero él tenía que regresar al lado de sus padres, y la felicidad que le había dado se quedaría con ella por siempre