domingo, 21 de octubre de 2007

EL MEJOR (xix), texto narrativo

LA BATALLA

Todo parecía indicar que ésta sería una fiesta común y corriente, la misma gente, la misma música, las mismas pláticas, la misma emoción rutinaria, pero de pronto algo cambió, un extraño reflejo en mí me hizo voltear a la puerta, al verlo, mi mente viajó de inmediato, dibujó un futuro feliz a su lado, me visualicé junto a él, parecía cualquier película barata, los dos corriendo enamorados, gritando nuestro amor al mundo, era una ironía pensar solo por un instante que estaba conociendo el amor a primera vista, siempre dije que era una bobería de adolescentes inmaduros, pero de pronto un viejo sentimiento frenó mi loca mente, para recordarme que la ilusión solo había traído malos momentos a mi vida. Una monstruosa lucha se volcó en mi cabeza, buscar un nuevo amor o dejar la barrera que me había impuesto para no volver a sufrir.

Alguien interrumpió la batalla, Marco, mi mejor amigo, me presentaba a su nuevo compañero de trabajo, era el culpable de la guerra que se había desatado en mí, sus profundos ojos negros me hundieron en la fantasía, mientras su mejilla apiñonada me despertaba de mis pequeños divagues, su rostro me decía mucho y al mismo tiempo no me decía nada, era una tontería sentir lo que estaba sintiendo, pero su hermosa sonrisa me daba la razón.

Parecía que el tiempo se frenaba en el aire, Rogelio era un hombre maravilloso, todo un caballero, si alguien me hubiera preguntado cómo sería el hombre perfecto, sin dudar, lo hubiera descrito, aún sin haberlo visto, era todo lo que podía haber deseado en mi vida, melodiosa voz, un rostro bello, una estatura adecuada a la mía y esos hoyuelos que se le dibujaban al sonreír…

[Marisol Gaytán]


LO MALDIGO

Me encontraba en un cuarto con tanta luz pero con tan poco aire que me asfixiaba. El miedo y los gritos inundaban mi cuerpo. Era sólo la luz de un gran foco, el cuarto era tenebroso con unas paredes chuecas, sucias como la carretera. Yo sólo recordaba la culpa impuesta, la sangre en mis manos frías, una sangre ajena, y a mí tirado en el piso inconsciente, con un arma que no era mía. No podían escapar los pensamientos de mi mente, la desesperación subía a la cabeza tan rápido como una estrella fugaz. Regresó mi mente al terrible cuarto luminoso, a mi encierro injusto, a la cárcel. Un encierro por culpa de un individio anómimo que no quiso enfrentar su destino, que manchó mi vida, que me dejó en cadena perpetua. Lo maldigo, ¡lo maldigo!, ¡lo maldigo!, desde mi alma encerrada, desde mi encierro.

[Regina de Ovando]